Don Juan Matus, El Conocimiento Silencioso

La búsqueda de la libertad es la única fuerza que yo conozco.
Libertad de volar en ese infinito.
Libertad de disolverse, de elevarse, de ser como la llama de una vela,
que aún al enfrentarse con la luz de un billón de estrellas
permanece intacta,
porque nunca pretendió ser más de lo que es:
la llama de una vela.
Ese gran simulacro - Mario Benedetti

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huerfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pienos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmoviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro
el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinaran por el olvido
como si fuese el camino de santiago
el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite/
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrará los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.
El jardinero fiel

Tengo el pasto hasta los ojos
Es hora de llamar al jardinero . . .

El destino de una mujer es como una gota de lluvia,
tanto puede caer en el barro como en un limpio estanque...
¿Alguien puede saber cuántas curvas hay en un río?
¿Cuántas capas hay en una nube?
¿Alguien puede barrer las hojas de un bosque y pedirle al viento que ya no agite los árboles?
¿Cuántas hojas debe comer un gusano de seda para hacer un vestido
con los colores de antaño?
¿Cuánta lluvia debe caer del cielo antes de que el mar se desborde con llanto?
¿Cuántos años debe esperar la luna en el medio de la noche?
La luna se acerca y espera a aquel que pueda robarle el corazón,
para luego dedicarse a cantarle canciones llenas de alegría.
Canción tradicional de Viet Nam
Simplemente Cabrera

Gracias Fernando por habernos visitado y regalarnos tu maravillosa música.
and in the end . . .

es el final del camino
hacia atrás nada valió la pena
el futuro no parece más prometedor
la desilusión es la constante
amargo sabor
nada es suficiente, interesante, excitante
lo que vendrá es una montaña
empinada y pedregosa
único camino
en la cima no se divisa nada que valga la pena,
que dé impulso
la idea de la rendición hace días me visita
perdí la paleta y los colores
ya no puedo pintar ilusiones
laberinto de varios pisos en un pozo ciego,
la pared húmeda y fría
un aire negro de plomo,
la oscuridad
Snajer & Ramos

es dulce dejarse elevar por las olas
tan dulce como habrá sido el primer tiempo
el tiempo del mar
es dulce mecerse entre el cielo rojizo
y la marea más profunda
mas helada del agua
y del azul
confiar hacia abajo
en las branquias que algunas vez tuvimos
en que el mar una vez respiro por nosotros
ahogarse debe ser como flotar en un aire espeso
sirenas y diosas
barcas sin fondo
almas de pesacadores
algas y corales, burbujas
terrones de arena y azúcar
y todas esas viejas sequías
Li Tai Po

“Cortad con vuestra espada la corriente del río:
el río seguirá corriendo.
Sumergid en el vino la pena: y será mayor la pesadumbre.
Ni el agua que transcurre, torna nuevamente
a su manantial. Ni la flor desprendida de su tallo
vuelve jamás al árbol que la dejó caer.
Fugitivo relámpago es la vida,
que apenas si da tiempo a sentir su pasar.
Inmutable es la faz de la tierra y del cielo
más cuan súbito es el cambio de nuestro propio rostro.”
Li Tai Po, chino, 698-762
El fino arte de la venganza

"Hoy tengo paz interior". Fue lo primero que dije al abrir los ojos. Me despertó la luz que entraba por la persiana. Eran apenas las ocho de la mañana. Me encaminé a la cocina, puse la cafetera en marcha y mientras el café surgía gota a gota, me apliqué como todas las mañanas a hacer mis ejercicios de yoga.
El viernes por la noche, es decir anoche, estuve en la fiesta del lanzamiento del nuevo producto que puso en el mercado la empresa para la cual trabajo. Fue intenso. Todos los gerentes, las empresas invitadas, posibles compradores y mi jefa diciendo todo el tiempo que no hay que perder pisada, que hay que aprovechar como dice ella la "window of opportunity" Y ahí estábamos codo con codo, al menos los de mi grupo, en bloque. Aunque se sentía raro. Unos de festejo, otros bajo inspección. Sentía que todos los ojos me miraban. Pero es así, un poco como una jungla, al final gana el más fuerte, el mejor. Cada grupo tratando de conseguir para sí las mejores cuentas, los peces gordos. No es fácil, se generan roces como chispas en un instante.
Crecen odios, celos. Lo que no te enseñan en la capacitación lo aprendés después sobre la marcha, me refiero al fino arte de la venganza. Lo asimilás aunque al principio te niegues, no hay satisfacción mayor que cobrarse una pequeña venganza.
De cualquier modo para mí que soy bastante ingenua, no es fácil. Ansío a lo largo de la semana que llegue el sábado, entonces me renuevo, me desintoxico. Cada sábado, un nuevo comienzo. Claro el lunes está a la vuelta de la esquina, pero liberarse del estress es primordial, es como tomar impulso para zambullirse otra vez en la porquería.
Los fines de semana son como pequeñas islas donde descansar, los días de la semana hay que nadar hasta la siguiente isla. Me encanta esos días de asueto. Para irme por las ramas. Hago cosas que la gente que me rodea de lunes a viernes ni se imagina, escucho música y bailo por la casa, los vecinos a veces se quejan del volumen, pero que aguanten. Me subo a la bici y pedaleo sin rumbo hasta cansarme. Me meto en cuanto quiosco artesanal encuentro, soy como los avestruces, me gusta todo lo que brilla. Piedritas de colores, colgantes con nácar, gargantillas de caracoles. Es la magia de los fines de semana. El noble arte de elegir. Poder hacer lo que uno quiere, no lo que a uno le indican. Por otra parte, no soy un bicho de fácil arreo. Trabajo incansablemente, me pongo la camiseta, hasta que alguna injusticia me embarra las ganas. En esos momentos pienso en mi pequeña venganza. Ahí freno, y de hacer todo al máximo paso a hacer lo mínimo indispensable. Me olvido de que lo importante son los intereses de la empresa, que supuestamente tendría que poner por delante de los míos. Me repliego, espero, y pienso, sigan así, desmotiven.
Ahora ni bien se complique, caigan los pedidos, así de caliente como estoy me pido una médica y que se arreglen como puedan. El último que salga que apague la luz.
Marzo 2009
(imagen tomada de la web)







